Bollicao. El Blog

El Blog Audio-Visual más Simpático del Mundo Mundial

12:08

"La Buhardilla" (IIICETH)

Publicado por bollicao





"La Buhardilla"





Martín, se despertó sobresaltado de su habitual siestecita. Dio un respingo en el sillón del comedor donde, plácidamente, cada tarde después de comer, se quedaba traspuesto con el murmullo de las noticias de Antena-3.

El estruendo de la tormenta que había hecho estremecer todos los cristales de las ventanas, le había sacado de su adormecimiento.

El viejo televisor estaba apagado, lo que evidenciaba que, el trueno que había despertado a Martín, había producido un apagón eléctrico en toda la casa.

Sintió varios golpes en la planta de arriba, en la buhardilla. Probablemente el fuerte aire que se había desatado hacía batir una y otra vez las hojas de la ventana. La madera del marco se había hinchado con la humedad de aquel invierno y, cada vez, le costaba más trabajo poderla cerrar.

Martín, frunció sus pobladas cejas, que destacaban sobre su curtido rostro de agricultor, y hacían destacar, aún más, su incipiente e imparable calvicie. La desertización había llegado a su cabeza. Él lo achacaba al “cambio climático”, siempre que bromeaba sobre su anchísima frente.

Parsimoniosamente y a regañadientes se levantó de su cómodo sillón. Tendría que subir a cerrar la ventana y últimamente, no se encontraban sus doloridas piernas con suficiente ánimo como para subir, con toda agilidad, la inclinada escalera.

Casi rebufando del esfuerzo de la escalada, giró el picaporte, haciendo que los goznes chirriaran sobre sí mismos. Siempre se olvidaba engrasar aquella puerta, “más por no subir la jodida escalera que por olvido”, rió entre sí al tener este pensamiento.

Al abrir la puerta, una fuerte corriente de aire lo zarandeó. Al mismo tiempo, abajo, se oyó un estrepitoso portazo.

- Vaya mierda de tiempo! -balbució para sí mismo.

Fuera estaba lloviendo a cántaros. Las vastas gotas de lluvia se colaban a través del ventanal mojando el polvoriento entarimado de la buhardilla. Martín se abalanzó apresuradamente sobre los batientes de la ventana, cerrándolos de un fuerte golpe seco.

La estancia se quedó en una semioscuridad casi imperceptible. “Menos mal que esta vez no se me ha olvidado subir la linterna”, pensó mientras su mano derecha rebuscaba en el amplio bolsillo de su bata.

El amarillento haz de luz de su vieja linterna, iluminó tímidamente la buhardilla, dibujando grotescas figuras contra la pared semiencalada, al pasar por los viejos muebles que se amontonaban llenos de polvo y telarañas. Martín usaba aquella planta como trastero y, a lo largo de su vida había ido arrinconando todos aquellos viejos muebles, cachivaches y aquellos recuerdos que un día decidió dejar de usar...

Allí estaba, olvidada, en un rincón aquella vieja bicicleta “BH” azul, que su padre le regaló cuando cumplió los once años, casi totalmente oxidada, con la cadena rota y mugrienta por el paso del tiempo, con las ruedas llenas de grietas y desinfladas... O aquella vieja mecedora de madera en la que recordaba, con tanto cariño, a su madre, en las tardes lluviosas como aquella al lado de la chimenea, tejiéndole un jersey de lana para que no tuviera frío... Sonrió con nostalgia a recordar a su madre, no sin sentir un halo de tristeza que convirtió su débil sonrisa en una mueca desfigurada...

Paseó la tenue luz por el techo de carrizo, escrutándolo con su mirada por si se hubiera producido alguna gotera, antes de encaminarse nuevamente hacia la escalera... Al bajar la luz hacia el entarimado, descubrió, casi al fondo de la buhardilla y entre otros tantos viejos trastos, su viejo tocadiscos “Cosmos”... Hacía tanto tiempo que casi se había olvidado de el...! Aquel viejo aparato, monoaural, como todos los de la época, había hecho las delicias de sus años jóvenes cuando las tardes de los domingos montaba, junto a sus amigos, aquellos primeros guateques... Qué recuerdos!! Todavía recordaba el olor del papel celofán, que envolvía las bombillas al quemarse... o los viejos singles que venían de regalo con la “Mirinda”... O a su amigo Manolo encendiendo y apagando la llave de las luces como si de una discoteca se tratara... Rió tímidamente al rememorar aquellos entrañables recuerdos de juventud... Había pasado tanto tiempo...!

Se acercó hasta el viejo tocadiscos. A su lado, aún adormecían viejas notas, viejas baladas, entre los surcos de aquellos pequeños vinilos... Allí estaban, los viejos discos de “Mirinda”. Tomó uno entre sus manos casi de forma temblorosa... Sopló sobre la carátula para desempolvarla. Sobre el color naranja y la silueta azul de la chica bailando aún podía leerse... “KARINA” “EL BAÚL DE LOS RECUERDOS” - “LAS FLECHAS DEL AMOR”...

En ese instante, todo a su alrededor desapareció de su mente... Y comenzaron a sonar aquellas inconfundibles notas llenas de color y de alegría..., notas de otros tiempos y de otra vida...

Que poco significan las palabras uuuh...
Si cuando sopla el viento se las lleva tras él...
Y queda solamente los recuerdos uuuh...
Promesas que volaron y no pueden volver...
Vive siempre con ilusión si cada día tiene diferente color...
Porque todo llega a su fín después de un dia triste nace otro feliz...
Buscando en el baúl de los recuerdos uuuh...”

Al girar la carpeta del disco, de su interior, cayó al suelo, bocabajo, una fotografía... Martín se agachó lentamente para recogerla... Dirigió la luz hacia ella, al girarla entre sus dedos... Era una vieja fotografía en blanco y negro.

A pesar de la escasa luz que emanaba ya de la linterna, enseguida reconoció aquella sonrisa de carnosos labios siempre sedientos de amor, aquella mirada inocente y risueña de ojos profundamente azules como el mar, aquella niña encerrada en aquel maravilloso y excitante cuerpo de mujer...

Angelines, fue su primer y verdadero amor de adolescencia. Su primer beso enamorado refugiados en la semioscuridad de un anochecer en el parque...

Jamás podría olvidar aquel beso... Aquellos temblorosos labios, aquellas caricias furtivas apresuradas bajo su blusa... la suavidad y el calor de su piel, la redondez candente de sus senos que bajo sus torpes manos la hicieron estremecer...

Aquella, fue la primera vez que entre sus brazos tuvo el cuerpo desnudo de una mujer...

Aquella noche, entre la penumbra de aquel viejo parque, se juraron amor infinito y unir sus vidas por toda la eternidad...

“Por toda la eternidad...” - se repitió mentalmente Martín mientras evocaba aquellos nostálgicos recuerdos... Su relación con Angelines, murió con la distancia y la letanía del paso del tiempo... Ella, cambió de ciudad para continuar sus estudios. Él siguió aferrado a su terruño. Siguieron escribiéndose cartas, al principio casi a diario, después, poco a poco se fueron cada vez más y más distanciándose en el tiempo... hasta que dejaron de llegar... Él siguió, cada mañana, esperando vanamente la llegada de Andrés, el cartero...

Tiempo después, supo por una tía suya que, Angelines, se había quedado embarazada y que se tendría que casar... Aquella noticia le había rasgado hasta el alma. Nunca pudo asimilar, en su mente, que ella perteneciera ya a otro... él que hubiera dejado todo e incluso dado su vida por ella..., por su amor eterno... Él que siguió queriéndola como aquel anochecer en aquel viejo parque...

Desde entonces, Martín, se volvió cada vez más taciturno. Sólo salía de casa a trabajar las tierras... dejó de salir, incluso los domingos a la misa de doce. Los amigos, poco a poco, le fueron dando de lado... y cada vez, se sintió mucho más solo... Murieron sus padres y desde su desgraciado accidente con el tractor, mientras allanaba unas lindes y quedó atrapado bajo sus ruedas, ya nada pudo llenar el inmenso vacío de aquella vieja casa solariega que le ahogaba, día a día, en su larga y profunda melancolía...

Una lágrima resbaló por su curtido rostro al recordar el día que le dieron la noticia de la muerte de Angelines... Hacía unos años, en un trágico accidente de metro en Valencia... El convoy de la Línea 1, había descarrilado en una curva por exceso de velocidad... Y todos sus recuerdos, y con ello su vida, habían quedado sumidos en la terrible oscuridad, entre el amasijo de hierros retorcidos y el eco eterno de su desesperado dolor...

Fuera, había dejado de llover... pero, en su interior, invadido por la tristeza, habían comenzado a resbalar las gotas de la melancolía, de los recuerdos que laceraban, cada vez más, su angustiada alma... Y allí, acurrucado, en un rincón de la buhardilla, con una vieja fotografía entre sus manos, Martín, volvió a sentir el frío y acerado filo de la soledad...



6 comentarios:

Toni1004 dijo...

Enhorabuena...jejejeje

la despe dijo...

felicidades muy buena tu historia un beso buenas noches la despe

Vitalnn dijo...

Enhorabuena!!!

Lo cierto es que aunque todos los relatos tenían su magia, este relato era uno de mis favoritos, que alegría!!!

Lo dicho muchas felicidades!!!

Silvia

cruzita dijo...

Mis mas sinceras felicitaciones.

Tienes más que merecido el premio, eres muy bueno contando relatos.

Tienes un meme en mi pagina.

david santos dijo...

Felicitaciónes por tu premio ganador. Muy merecido.
Abrazos.

Pedro dijo...

Un premio muy bien otorgado.
Mis más sincera enhorabuena, el relato es fantástico.
Saludos.

Related Posts with Thumbnails